viernes, 10 de agosto de 2018

Kenzaburo Oé y Kazuo Ishiguro




Queridos honobonianos:

Este es el relato de una historia salvaje y primordial, ocurrida en una aldea en medio del bosque donde la niebla se convierte fácilmente en un barniz pegajoso y los personajes carecen de nombres. Salvo tres de ellos, a los que conocemos por sus apodos: Morro de Liebre, el Negro y Chupatintas. Solo el segundo está justificado, porque el niño japonés que narra la historia nunca podrá comunicarse plenamente con el soldado norteamericano que un buen día cayó del cielo y cuya presencia altera la vida de la miserable comunidad, así que no tendrá forma de conocer su nombre o sus pensamientos.

Dando un gran salto literario, la importancia que desempeñan en la novela la escopeta del padre y el instinto cazador en todos los personajes nos recuerdan la crudeza de algunas páginas de «La familia de Pascual Duarte» y de «Tiempo de silencio». Y no es casual, porque el mundo primitivo y esencial que retrata Kenzaburo Oé surge aquí contaminado por la ignorancia de seres embrutecidos igual que ocurre en el campo extremeño de la novela de Cela y en los oscuros suburbios del Madrid de los años cuarenta de la de Martín Santos.

En un ambiente como este es muy revelador que Kenzaburo Oé recurra a un lenguaje tan barroco, con predominio de la adjetivación y numerosos epítetos donde cabría pensar que procede más bien la desnudez nominal. ¿Cuál es su objetivo? Sin darse cuenta el lector percibe sobre su propia piel la misma asfixia endémica que agobia a los personajes, percibe la suciedad y el hambre, y percibe finalmente el hedor. Todo en la novela es extremo y tiene que salpicar al lector para que su paso por la historia no le resulte indiferente. ¿Qué otra novela del primer realismos hispánico recurrió al mismo estilo también en miserables circunstancias? Efectivamente, nuestro «Lazarillo de Tormes».

Solo que «La presa» no es un obra realista, excede los límites del género y conjuga en sus páginas el realismo mágico —que permite por ejemplo que el olor de la osamenta del americano se extienda como una plaga por toda la aldea— con recursos propios del mejor expresionismo pictórico —a él corresponden los rasgos físicos que dibujan lo que sabemos del soldado o de la fragmentaria figura del padre.

Como volverá a hacer años más tarde en «Una cuestión personal», Kenzaburo Oé impide en «La presa» que el lector se acostumbre a una cómoda complacencia intelectual. Oé es un autor astuto y visceral que se mueve con soltura en la esfera de los instintos, y eso nos inquieta porque en el espejo donde retrata la condición humana conviven abigarrados la camaradería y la violencia, la satisfacción y el dolor.

Precisamente son los dos personajes principales los que dan cuenta del tránsito entre ambas. Solo el joven narrador y el negro evolucionan dentro de la historia. El primero comienza siendo un niño que perderá la inocencia cuando sea capaz de ver desde fuera el mundo esperpéntico en el que había vivido desde su nacimiento. La traición del negro y la violencia de los mayores que lo salvan marcarán el punto de inflexión. El segundo pasa por tres fases que le devuelven al punto de partida: animal, amigo y enemigo.

Pero nuestras claves personales de lectura pueden no ser la tuyas y eso es precisamente lo que enriquece nuestras sesiones cada mes. La próxima:

MARTES 25 de SEPTIEMBRE de 19:00 a 21:00 h

Martín de los Heros, 37 (Metro Argüelles)

Hasta entonces faltan casi dos meses. Teniendo en cuenta que «La presa» es una novela corta, hemos pensado una segunda propuesta para quienes deseen seguir leyendo sobre el tema de este año —la literatura de posguerra en Japón—.



«Un artista del mundo flotante», de Kazuo Ishiguro.

Aunque como ya sabes su autor escribe en inglés, retrata un mundo genuinamente nipón y creemos que la disfrutarás.

(Recuerda que Honobono pone a tu disposición un ejemplar de ambos libros si no los encuentras. En tal caso, por favor escribe a pilar.dld@gmail.com o a pedropabloontoria@gmail.com)


Y una última cosa: dejamos abierta la sección de comentarios para que si te apetece te animes a participar y hagamos también del blog un espacio para la conversación. ¡Adelante!

Un abrazo

Pedro Pablo Ontoria