viernes, 20 de noviembre de 2015

Mizoguchi Kenji: Las hermanas de Gion


Querid@s honobonian@s:
La convocatoria de este mes está marcada por el cine. Nuestra inquietud y curiosidad nos llevan ahora por nuevos derroteros y para empezar nada mejor que el director fundacional de la cinematografía japonesa, Kenji Mizoguchi (1898-1956). Ya nos referimos a él en un post anterior, cuando presentamos una de las obras de Ueda Akinari hace pocos meses. Hoy lo hacemos convirtiéndolo en protagonista absoluto de nuestro amor por Japón.
Aunque anterior a los conocidísimos Yasujirô Ozu y Akira Kurosawa, se trata de un creador moderno, tanto por su técnica como por su temática. Sus personajes surgen de un fondo oscuro, casi tenebrista (en términos pictóricos), iluminando con sus rostros y con su individualismo reivindicaciones por las que aún hoy se lucha en muchos países del mundo.
La pobreza, la liberación de la mujer y los conflictos sociales presentes en sus películas conectan su trabajo con lo que, a muchos kilómetros de distancia, se haría años después en el neorrealismo italiano, por ejemplo.
La primera película de Mizoguchi que veremos será Las hermanas de Gion (Gion no shimai), de 1936.
Dice la breve reseña: “Omocha y Umekichi son dos hermanas geishas, que no de sangre, que viven en el barrio de Gion, Kioto. Las dos representan dos polos opuestos de la mujer japonesa: Omocha es una chica moderna y Umekichi, una mujer tradicional japonesa. Estas diferencias se agudizan cuando el negocio del mercader Furusawa, su protector y cliente habitual, quiebra.”
Cuando Mizoguchi filme, años después, otra película emblemática sobre la necesaria libertad de la mujer, Arde mi amor (Waga koi wa moenu), de 1949, recuperaremos algunos de los ecos que ya se inician en la primera obra que visionaremos, que es además la primera que su director consideró digna de ser recordada.
Próximo martes día 24 a las 19:00 h. en Lfont Tea Mountain
Las hermanas de Gion (Gion no shimai) Japón, 1936
V.O. con subtítulos en castellano
B/N Duración 70 min. aprox.

Un abrazo


Pedro Pablo Ontoria

martes, 22 de septiembre de 2015

La sociedad civil japonesa

Querid@s honobonian@s:

Estamos muy contentos, porque en nuestra próxima cita contaremos con la presencia de María Casado, que hará una exposición sobre un tema tan específico, actual e interesante para nosotros como son los movimientos ciudadanos y su presencia en Japón, un país con una dinámica social muy distinta al nuestro. Comenzando por una recapitulación de lo acaecido en los años 60, poniéndolo en relación con las reivindicaciones medioambientales y analizando lo ocurrido en la época de la globalización, podremos comprobar si, de hecho, la sociedad civil existe en Japón, tal y como aquí la entendemos.

Como ya sabemos, las relaciones interpersonales están definidas allí bajo criterios históricamente distintos a los nuestros. Pero estos han cambiado. Con la apertura, hace ya casi 150 años, de Japón a Occidente, con la americanización de sus costumbres y posteriormente con la construcción de una identidad propia, original y moderna entre los jóvenes, asistimos tal vez a un cambio definitivo en el modelo que hasta ahora nos servía para describir socialmente “lo japonés”.

Si esto es así, la forma en que los individuos se relacionan con las instituciones y las grandes corporaciones acaso haya cambiado también allí. Podemos preguntarnos si existe una sociedad civil en Japón, pero no lo haremos solos. Lo haremos guiados y en compañía de alguien que ha estudiado el tema en profundidad.

Gracias, María.

(María Casado es especialista en política japonesa y profesora de la Universidad Europea de Madrid desde 2007. También ha impartido clases de traducción directa de japonés a español en la Universidad Pontificia de Comillas durante cuatro años y se ha encargado durante tres de la coordinación del programa de estudios de turismo de la Pontificia Universidad Católica de Ponce, Puerto Rico.

Durante dos años, entre 2001 y 2003, realizó estudios e investigación en materia de relaciones internacionales en Asia en la prestigiosa Universidad de Tokio becada por el Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de Japón, realizando también estudios en la Universidad de las Naciones Unidas (UNU).

Además, ha trabajado como locutora de la radiotelevisión japonesa NHK y como redactora de citas periodísticas durante el mundial de fútbol Corea-Japón de 2002; ha colaborado en calidad de voluntaria con la Sección Cultural de la Embajada de España en Japón; ha trabajado como guía en varios países asiáticos y ha sido redactora y editora de LeaderSummaries.com, entre otros.)

Próximo día 29 de septiembre, de 19:00 a 21:00 h.


Un abrazo

Pedro Pablo Ontoria

domingo, 10 de mayo de 2015

Harusame monogatari



Querid@s honobonian@s:

En 1953 Kenji Mizoguchi fue premiado con el León de Plata en el Festival Internacional de Cine de Venecia por su película “Ugetsu monogatari”. La historia narra las peripecias de dos hermanos, Genjurô y Tobei, cegados por la ambición y por el anhelo de conseguir para los suyos una vida mejor.

La guerra, sin embargo, convierte aspiraciones que en otra época habrían sido lícitas en fuente de desgracias. Y paradójicamente, Miyagi y Ohama, dotadas de una visión más realista de las circunstancias, no conseguirán frenarles y acabarán pagando antes que nadie el desatino de sus maridos.

“Mi deseo es tan grande como el mar”, dice Tobei al comienzo de la cinta, concediendo al espectador la posibilidad de trazar una oscura premonición sobre su futuro. Da igual que uno de los hermanos pretenda basar su fortuna en las armas, en la mezquindad y el engaño, y que el otro lo haga en el trabajo como alfarero de cierto talento y originalidad. Uno ha de saber medirse con los sueños que alimenta y ese es un don del que tanto Tobei como Genjurô carecen.

Es precisamente este último, interpretado por Masayuki Mori, quien experimenta una mayor transformación a lo largo de la película: en su persona se conectan dos mundos, el sensible y el sobrenatural, cuando una misteriosa dama se interesa por su mercancía y de nuevo cuando se reencuentra con su esposa; en él tiene cabida el arrepentimiento, el amor paterno y finalmente la comprensión; y él dibuja la dramática y reveladora odisea que nos devuelve a la misma playa de la que partimos, a orillas del mítico lago Biwa.

Ueda Akinari escribió hacia 1775 la historia original en que se basó Mizoguchi. Es uno de esos “Misterios extravagantes”, como le gustaba llamarlos, donde los personajes se mueven como sombras chinescas contra el fondo de la existencia. Historias para contar los días de lluvia a la luz de la luna, Ugetsu monogatari, sugerente combinación.

Como las que narraría más tarde en tantos otros volúmenes. Uno de ellos es el que leeremos este mes:

Ueda Akinari: Cuentos de lluvia de primavera (Harusame monogatari), trad. Yoshifumi Kawasaki, Satori ed., Gijón, 2014.

Lo encontraréis en Lftont Tea Mountain con descuento del 25 % sobre el precio habitual.

Lfont Tea Mountain
Día 26 de mayo de 2015
De 19:00 a 21:00 h.

Un abrazo


Pedro Pablo Ontoria

miércoles, 8 de abril de 2015

La estación del haiku




















Querid@s honobonian@s:

Dante Alighieri mantuvo viva la inspiración a lo largo de los cien cantos de que consta la Divina comedia. El Anónimo de Gormaz, o de Medinaceli, hizo lo mismo con los más de 3.700 versos en que compuso el Cantar de Mio Cid. En cuanto a Homero, de quien dicen que acabó ciego y acaso deambulando con un remo a cuestas, fue capaz de cumplir por dos veces la hazaña y no permitió que se le apagara la llama del ingenio hasta dar forma a los 10.000 y 15.000 versos largos que todos conocemos como la Odisea y la Ilíada.

El haiku japonés tiene muy poco que ver con esos monumentales poemas épicos: se compone de solo tres versos (5+7+5), resulta de la disgregación de una forma estrófica mayor (el tanka) y no pertenece al género narrativo. De hecho no puede encuadrarse en ninguno de los géneros occidentales, porque está tan alejado de la épica como lo está de la lírica, y sin embargo ambas caben, a su manera, en ese exiguo universo.

Nunca sabremos cuántos cientos de haikus escribió Bashô. Ni cuántos compuso Kobayashi Issa. Pero todos ellos, puestos en fila, os aseguro que compondrían (componen, de hecho) un sola historia, un largo poema épico cuyo protagonista, narrador y autor dan una sola sombra.

Y si tomáis ahora en las manos, con suficiente paciencia y amor, la Commedia, el Mio Cid y los dos poemas homéricos, hallaréis entretejidos en sus largas tiradas de versos, brillantes y minúsculos raptos, instantes de asombro que ningún erudito bautizó, fulminantes haikus bajo otro ropaje.

Cada libro arrastra consigo no solo a su autor, sino también a sus lectores y a su traductor. Borges solía decir esto mismo de una forma mucho más elegante. Cuando en 1983 Jesús Munárriz encargó a Antonio Cabezas una de las colecciones de haikus que más ayudaron a divulgar el género entre el gran público, Cabezas la tituló Jaikus inmortales. Estaba siendo con ello tan fiel a su raíz hispánica (la que viene desde las jarchas y el Mio Cid) como lo había sido Juan Ramón Jiménez con su personal ortografía. Y estaba siendo además tan fiel a su amor por Japón como para dotar a aquellos poemas de la mejor música que tenía en sus manos.

Por eso, nos hemos atrevido a tender puentes tan temerarios entre poemas tan distantes. Porque como Antonio Cabezas demostró, aguas arriba, algunos ríos confluyen en una misma fuente. Él subió a la montaña para descubrirlo.

Este mes leeremos dos pequeños libros de haikus. Teniendo en cuenta que, si no acabamos de comentar el primero a tiempo, dejaremos el segundo para la sesión de mayo.

Kobayashi Issa: Mi nueva primavera, trad. Fernando Rodríguez-Izquierdo, ed. Satori, Gijón, 2015

Masaoka Shiki: Ruego a la mariposa, trad. Fernando Rodríguez-Izquierdo, ed. Satori, Gijón, 2013

Ambos están a vuestra disposición en Lfont Tea Mountain al precio de 9 eur/ud. (ya está aplicado un descuento del 25 % que la editorial ha hecho a Manuel).

Lfont Tea Mountain
Día 28 de abril de 2015
De 19:00 a 21:00 h.

Un abrazo

Pedro Pablo Ontoria


martes, 3 de marzo de 2015

Ango Sakaguchi: más allá del Romanticismo



Querid@s honobonian@s:

Como ya sabéis, dicen que Japón, encerrado a toda influencia extranjera hasta la llegada del comodoro Perry en 1853, recibió concentrados en pocos años y casi en el mismo barco Romanticismo, Realismo y Naturalismo. La consecuencia inmediata de una amalgama tal de estilos e ideas irreconciliables daría lugar a la creación simultánea de escuelas y grupos que se decantaban por uno, otro o un tercer camino. Así que en Japón, y sólo allí, enfervorecidos románticos iniciaban su arrebatadora experiencia al mismo tiempo que realistas y naturalistas examinaban al individuo y a la sociedad con la aséptica mirada del científico ante un espécimen que acaba de descubrir.

En las calles de Tokio, en otras palabras, se cruzaban (o se cedían el paso) personajes que en Europa estaban separados por una o varias generaciones. Abuelos y nietos defensores de estéticas dispares.

Entre los escritores japoneses de ascendencia romántica hemos leído ya a Izumi Kyôka. Este mes conoceremos a Ango Sakaguchi, un autor que, estrictamente hablando, evoluciona desde postulados románticos para dibujar una trayectoria personal: aún así, la imagen de la mujer, por ejemplo, depositaria de un destino fatídico, rodeada de misterio y motor de la acción, es una de las tantas notas que resonarán en nuestros oídos acostumbrados al Romanticismo occidental.

SAKAGUCHI, Ango: En el bosque, bajo los cerezos en flor, traducción de Susana Hayashi, Satori Ediciones, Gijón, 2013

Lfont Tea Mountain
Día 31 de marzo de 2015
De 19:00 a 21:00 h.

¡Un abrazo grande!


Pedro Pablo Ontoria

domingo, 18 de enero de 2015

Hiromi Kawakami: la absoluta suavidad


Queridos honobonian@s:

El silencio del invierno le va bien a mucho de lo que sabemos y seguimos aprendiendo de Japón. El té, la literatura, la caligrafía… ¿O es que no se parecen los trazos del pincel sobre el papel de arroz al errático vuelo de los córvidos en un día de nieve? ¿Y qué encontráis más reconfortante que la lectura de Kawabata en un día como hoy? Sé que me entendéis.

Hace pocas semanas, Amparo García García nos obsequió precisamente con la caligrafía que encabeza este post. ¡Imaginaos la emoción! Y no solo porque se trate del tanka que da nombre a nuestro grupo; no solo porque la caligrafía contenga siempre el ki de la persona que la ejecuta y por tanto su aliento, lo más íntimo de sí; sino también porque mucho antes de que pudiéramos ver este año un solo copo, ella nos obsequió con un paisaje muy particular: la bahía de Akashi, la bruma matinal, un barco que se desliza lentamente hasta desaparecer… ¡una escena trazada sobre un rectángulo de nieve!

En fin, si alguien piensa que hemos esperado a ver las primeras nieves para lanzar nuestra convocatoria de este mes, que sepa que está en lo cierto. El libro del que hablaremos el próximo día, El cielo es azul, la tierra blanca (KAWAKAMI, Hiromi: Sensei no kaban, trad. de Marina Bornas Montaña, Ed. Acantilado, Barcelona, 2011) desarrolla una nada tópica relación entre dos personas con un lenguaje sencillo. Sintonía, amistad, complicidad y amor se suceden progresiva y suavemente entre sus páginas.

Lfont Tea Mountain
Día 27 de enero de 2015
De 19:00 a 21:00 h.

Como si fuéramos huérfanos de algo inefable, miramos siempre hacia Oriente.

Y ya. Silencio.

Un abrazo


Pedro Pablo Ontoria

domingo, 23 de noviembre de 2014

Osamu Dazai



Querid@s honobonian@s:

Indigno de ser humano, la obra de Osamu Dazai (traducción de Montse Watkins, Sajalín Editores, Barcelona, 2010) que trataremos este mes, no es un libro fácil. Igual que un viaje a un país olvidado donde la gente sonríe a pesar de la miseria en que vive, esta novela despliega la verdad desnuda acerca de muchas cosas, con la diferencia de que en ella nadie sonríe.

Un narrador misterioso encuentra tres fotografías y, según presumimos, algunos cuadernos. Conocemos a Osamu Dazai: El ocasoOcho escenas de Tokio y Colegiala. Y sabemos que un trasfondo biográfico subsiste en la mayoría de sus relatos. No vamos a repetir ahora lugares comunes sobre la posibilidad de escapar o no de lo biográfico, ni sobre el alcance de la imaginación, ni siquiera sobre la Teoría de los mundos posibles... Así que diremos solo que para decir la verdad como la dice Dazai hace falta estar hundido en ella con todas sus consecuencias. Hace falta convertirse en un ser marginal para desvelar la hipocresía:

"No tengo el menor interés en eso que los libros de texto llaman moral. Me cuesta entender que el ser humano viva o quiera vivir con pureza, claridad y felicidad en medio de toda esta mentira humana. Nunca me han explicado la razón de esta habilidad." (p.24)

La contradicción late en cada página. El mundo derruido que Dazai retrata requiere precisamente de los ingredientes que rechaza, pero el novelista no es un juez ni tiene por qué serlo. Le basta, de hecho, con situar "un espejo al lado del camino..." Así que Yozo se adapta y adquiere una identidad falsa, se convierte en un camaleón, se convierte en un bufón indolente y miserable sobre el que de vez en cuando se derraman destellos de ternura. Labor que corresponde, por supuesto, a la mujer. A una entre la muchedumbre de otras que le hieren sin piedad. La mujer salvífica de la literatura universal que en Indigno de ser humanoes una camarera, Tsuneko.

"A mí, que estaba temblando de miedo, estas palabras me calmaron de una forma extraña. Y no era porque ya no debía preocuparme del dinero. Me dio la impresión de que estando junto a ella no había nada que temer." (p.53)

Aunque, ya sabemos, a nuestro protagonista no le está permitida la dicha duradera.

"Pero solo duró una noche. Al abrir los ojos por la mañana, me levanté de un salto y volví a ser el bufón superficial de siempre. Los cobardes temen hasta la felicidad." (p.55)

Yozo, de alguna manera es nuestro mártir. Representante de la belleza obscena frente a la belleza "honrada" del fiscal, delincuente que haya satisfacción en el trato humillante que merece, farsante que echa mano de la astucia para escapar a la misma condena que le hubiera redimido, parásito, débil y estúpido complaciente, medida de lo que un ser humano puede hacer o no hacer para precipitarse en el absurdo.

"En casa de El lenguado, el aprendiz siempre preparaba la comida, y en una bandeja aparte, se la llevaba al parásito de la primera planta tres veces al día." (p.69)

"(...) no podía controlar mi inclinación desesperada a complacer a la gente" (p.73)

Pero no hay una, sino muchos tipos de inteligencia, y Yozo apunta con claridad a una de las posibles razones de su vida de fracasado: la ambigüedad con que se han dirigido siempre a él.

"Años más tarde pensé que si El lenguado me hubiera dicho las cosas claras y simples, me hubiese ido mucho mejor. Pero su innecesaria cautela, mejor dicho, las apariencias incomprensibles de la sociedad, me obligaron a pasar por toda una serie de experiencias amargas." (p.70)

"¿Por qué no me dijo que mi familia enviaría el dinero necesario? Con sólo hacerlo yo hubiera podido tomar enseguida la decisión de estudiar; pero se limitó a dejarme a oscuras." (p.71)

Yozo se lleva, de cualquier forma, la peor parte en la tragicomedia de la vida en sociedad: nadie le cree cuando es sincero y en cambio todos toman en serio sus bufonadas.

Luego le mantendrá Shizuko, la periodista, y él se enreda una vez más en el bucle insano de la dependencia y la frustración. (vid. paf. 79)

Como Naoji en El ocaso, nuestro protagonista viaja entre la indolencia y la ruindad, y cada vez se hunde más en el alcohol. Pero, como si fuéramos capaces de escuchar en Japón los ecos de Joseph Roth, también nuestro borracho es capaz de elevar la voz al cielo y rezar al Dios cristiano:

"Son buenas... Dios mío, si puedes escuchar la plegaria de alguien como yo, concédeme la felicidad, aunque sea una sola vez en la vida" (p.85)

La huida posterior es, por supuesto, la respuesta de Dios. La que permite que al menos ellas, madre e hija, sean felices cuando Yozo desaparece de sus vidas. De hecho, son una y otra vez, las mujeres que le obligan a lo largo de la historia a sentir, a tomar partido y a vivir, en una palabra.

Primo Levi tituló su novela más conocida con la prótasis de una condicional: Si esto es un hombre. Si en aquel caso era la guerra, el racismo contra los judíos, el campo de concentración y la barbarie nazi los que privaban al autor-narrador-protagonista de la base mínima sobre la que asentar su dignidad, y con ella lo minaban en lo más profundo de su ser, en la novela de Dazai es un cóctel mucho más sutil, más cercano, menos reprensible, más tolerado, mejor instituido y sin duda más duradero el que agrede a Yozo y le envenena, haciéndole creerse indigno. Como si "ser humano" incluyera obligatoriamente la necesidad e imposición de cumplir con una cuota mínima de excelencia, como si ser humano no consistiera precisamente en ser capaz de hacerse preguntas, en tomar conciencia de sí para ejercer la libertad, en posicionarse frente a la comunidad o frente a un país entero, en elegir.

"De repente, vomité. Era la primera vez que vomitaba sangre. La mancha roja sobre la nieve pareció una gran bandera del Sol Naciente.  Me puse en cuclillas y, llenándome las manos de nieve limpia, me la restregué por el rostro lleno de lágrimas." (p.109)

Lftont Tea Mountain
Día 25 de noviembre de 2014
De 19:00 a 21:00 h.

Un abrazo.

Pedro Pablo Ontoria